Cherán: sonidos de la resistencia

Sitiado(a) dentro de una zona de los ya sugestivos conflictos de la guerra contra el narcotráfico, se encuentra la comunidad de San Francisco de Cherán, conformada en su mayoría por indígenas del pueblo P’urhépecha, “los hijos del Sol”. El pasado mes de Abril se cumplió un año del levantamiento de la comunidad de Cherán. Dieron revuelta contra sus propios gobernantes, aquellos mismos que decían velar por sus intereses, y no era más que el mismo discurso tan ensayado que tienen. Y es muy cierto que todos los lobos suelen andar en manada. Se protegían unos a otros, el descaro llegó a límites grotescos. Desde la plaza se oían las sierras, cada vez más cerca, pero escapar no era una opción para ellos.  Los cuatro barrios se organizaron, y un viernes quince despertamos enfrentando al miedo. Atrincherados en las calles, por todo el pueblo se escuchaba un silencio, un vacío que explotaba por instantes. Tiroteos y ráfagas sacudían al aire. Nosotros defendíamos lo que a ellos no les pertenece, eso que no es de nadie y al mismo tiempo es de todos, la tierra y la libertad. Pero los problemas no surgieron de un día a otro, se incubaron y expandieron, al igual que un cáncer, silencioso y paciente, hasta ir pudriendo por dentro y matar, dolorosamente al portador del cáncer.
Pedro Chávez recuerda el malestar que vivía la gente, cansados de la tala clandestina y la impunidad por la cual eran absorbidos. A diario bajaban camiones de los cerros, repletos de madera, todos ellos custodiados por hombres armados. Y es que fue desde antes que el terror invadió al pueblo: asesinatos de presidentes, secuestros de funcionarios y comuneros, desaparecidos por defender los recursos boscosos, naturales y ecológicos. Las supuestas autoridades, de vista ciega e indiferencia social, dejaban pasar las injusticias que se daban a la luz del día. La justicia tendría que venir de ellos mismos. Izaron su bandera en alto y ese quince de Abril, a pesar de las amenazas y extorciones, del pánico que causaban los asesinatos y desapariciones de comuneros, un grupo de mujeres y jóvenes detuvieron a cinco tala-montes y los llevaron  a la plaza principal; recuerdo que aún era demasiado temprano y todos dormían dentro de sus hogares. Hicieron sonar las campanas de la Iglesia, por todo el pueblo se escuchó el replicante sonido que despertaba a su comunidad. Había llegado el momento de enfrentar lo inevitable. Después de cuatro años era inminente lo (in)pensable, pero también lo era el terror(ismo) que se aproximaba. La mayoría del territorio estaba bajo el dominio de grupos delictivos y autoridades corrompidas.
Los tala-montes detenidos fueron resguardados en la Iglesia de la comunidad, a espera de las autoridades para ser entregados. Pasada las horas el cielo empezaba a clarear, todo se difundía en un negro-azulado y las estrellas desaparecían una a una. Entraron al pueblo algunas patrullas de la policía estatal, detrás de ellas las seguían dos camionetas más, blancas pero sin rastros de ser autoridades. Personas armadas descendieron de ellas lanzando disparos hacía las personas reunidas en la plaza. Dos personas murieron y varias más resultaron heridas. En ese momento, los habitantes se sentían abandonados: sus gobernantes, sus protectores al final no velaban por ellos, y sus discursos gastados eran solamente máscaras que ocultaban los rostros de ambición y avaricia. Se dieron cuenta que de ellos dependía todo, la defensa de sus tierras y sus vidas, la justicia y la seguridad para con ellos mismos.
Esta crisis de valores políticos e ideales que se ha gestado, y sigue y sigue, fue el motivo para la ruptura de la sociedad con el Estado; indiferentes a los gobernantes, “… el tirano ve a aquellos que lo rodean como si estuvieran rogando y pidiendo sus favores.”, continuaron su camino por la autonomía, dejando atrás individualismos y acciones egocéntricas. Se olvidaron de ser una cultura popular de los grupos subordinados a estos discursos sistemáticos, cansados de maltratos y humillaciones hacia lo que ellos son, lo que representa, hacía su cultura. Y no solo hablaron por ellos, también por aquellos que al hablar no son escuchados y que son ignorados, día a día, por el hombre “moderno”. Una comunidad que empieza una batalla anti-sistemática, de ofender a los poderes y subordinarse. Este es sólo el comienzo de un pueblo que se cansó de lo que ha diario se vive en todo el país. Apartaron a los gobernantes, que en teoría son los mismos de otros pueblos, ciudades, distritos, etc.,
El poder -para los políticos- es un inicio para impartir una hegemonía en las estructuras sociales, convencen ideológicamente a sus subordinados de que, hasta cierto punto, están gobernando en su nombre. Para el que es gobernado -nosotros-, aunque no sea representado por su partidario ideal, le queda  la aceptación de la subordinación, a pesar de saber diferenciar el discurso de un político público y sus intenciones ocultas y verdaderas.
Para la gente de Cherán, la resistencia se volvió un modo de encuentro, reflexión y acción frente a los hechos de violencia generalizada, causa de un mal gobierno. Las artes, y especialmente la música sirven como diálogo, como denuncia y como un medio para ir formando nuevas culturas,  nuevas ideas. Desde ese quince de  Abril y hasta hoy, jóvenes, mujeres y hombres de la comunidad de Cherán han resistido los embates de la injusticia y la discriminación, enfrentando sus miedos  en búsqueda de su ansiada libertad. Hombres libres de Cherán.

Cherán K´eri

Publicado originalmente el 29.06.12

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