El comercial porno que censuró el Super Bowl. ¿Dónde está el sexo, Pornhub?

José Lagos

El video es sencillo, comienza con un plano general que avanza brevemente. Una pareja, de espaldas, está sentada sobre un asiento de madera, parecen contemplar los árboles y la nieve que se despliegan frente a ellos; dos árboles enmarcan la toma. La música, de piano, es suave y armoniosa. Hay un corte, aparece una anciana en primer plano, porta orejeras y abrigo rojo, mira hacia adelante. Gira el rostro a su izquierda y con gesto sereno, pone su mano enguantada en un hombro. La toma cambia, permanece el primer plano, aparece un anciano de abrigo y bufanda que revira la palmada con imperturbable sonrisa. Regresa la mirada hacia el horizonte. Un nuevo corte da paso a un plano general en donde la pareja se aprecia de frente; la cámara retrocede. En el centro aparece el logo de Pornhub. La música se disuelve. Y termina.

“Este comercial fue censurado. ¿Qué piensas? ¿Debería haber sido transmitido durante el Super Bowl?” Se puede leer en una encuesta que ha colgado Pornhub en su sitio. Hasta el momento de escribir esta nota, el 76% cree que sí, mientras que el 24% piensa lo contrario.

La producción y recaudación del cine porno rebasa al mismísimo Hollywood. Hay quienes estiman que la industria porno supera a toda la industria de entretenimiento. La producción de Hollywood está entre 600 y 800 filmes al año, en cambio, el porno produce alrededor de 13 mil títulos en el mismo periodo. Unas veinte veces más. Casi doscientas veces más al respecto del cine mexicano. En términos de recaudación, las cifras se equilibran, alrededor de 10 mil millones de dólares obtiene cada sector tan sólo por el consumo en Estados Unidos.

Como hemos visto, la industria pornográfica estadounidense es una industria de miles de millones de dólares. Entonces, si es tan redituable para la economía de ese país, ¿por qué censurarla tras el velo de la moralidad? ¿Por qué mantener artificialmente un manto inmaculado? ¿Por qué simular?

censuraporno

Recuerdo una conocida parábola que circuló hace años por correo electrónico. Entonces me pareció, como casi todas las moralejas que le atribuyen a las parábolas, inocente y sin sustancia. No obstante, allá voy. Un monje budista convocó a todos los aprendices en una habitación amplia, se acomodaron en derredor. El monje, en silencio, colocó un jarrón sobre una mesa que ocupaba el centro del salón. Lo miraron asombrados. El monje exhortó que un problema estaban contemplando. Las preguntas se agolparon. Después de un largo silencio, un aprendiz se desprendió del grupo y de un golpe quebró el jarrón. Regresando a lo tratado, Pornhub puede ser bien ese aprendiz. Hizo una suerte de dislocación hacia cuestionamientos críticos sobre la simulación social respecto al porno. Inovó comunicacional y mercadológicamente.

Desconozco las leyes estadounidenses en materia de exhibición televisiva. No sé si está o no permitido anunciar sitios de contenido clasificado como para adultos. Sin embargo, es muy difícil imaginar que una empresa tan popular como Pornhub lo desconozca. Probablemente sabía que el video sería censurado. Y a eso le apostó.

Un comercial de 30 segundos transmitido durante el Super Bowl puede superar los 4 millones de dólares. Un riesgo incluso para las empresas más redituables. Sin embargo, si se conoce el resultado (una audiencia de más de cien millones únicamente en los Estados Unidos), es una inversión. Pornhub fue más allá, indujo la censura y alcanzó una jugosa audiencia exclusiva, y; dosificada en el tiempo, sin miedo a equivocarme, será similar o superior a la total alcanzada en el encuentro de futbol americano. Hasta el momento, googleando “pornhub super bowl” obtenemos alrededor de un millón y medio de resultados. El video oficial, días antes de que la cuenta de youtube asociada con el video fuera cancelada, registraba 2,387,541 de visualizaciones. El mismo video, reproducido en distintos canales, puede alcanzar una cantidad similar. El alcance real es incalculable, pero las cifras anteriores dan cuenta de la dimensión y el impacto obtenido. Todo eso sin desembolsar los 4 millones.

Librándonos del yugo moral que dio pie a la censura, es admirable el acierto mercadológico. Una secuencia blancamente pura y apacible contrasta notablemente con lo icónico de la voluptuosidad rozagante del porno. Las escenas de senos, nalgas y penes erectos fueron sustituidas, sublimándolas, al logo, al signo. La construcción simbólica en estado puro, despojada de referencias históricamente invocadas.

La moralidad le redituó más a la “inmoralidad” de lo que le afectó. En un minuto de televisión pública vemos más referencias sexuales que en 21 segundos de comercial porno. En fin, desde hace mucho tiempo estamos en una maraña que libera las categorías de su origen. Roland Barthes dice que “el sexo está en todas partes, menos en el sexo mismo”. El sexo ya no está en el sexo. ¿No lo cree? Vuelva a ver el video.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s