De cómo compré mi primera botella de vino

Pamela Zara

Un día de muchos primeros

La primera vez que hago un recorrido tan extenso yo sola: No estuvo nada mal, sólo me perdí tres veces en el metro (mi papá dice que soy una vergüenza para los chilangos). Aunque, ni tan perdida, porque llegué a mi destino.

soldadosEnElMetro

La primera vez que viajé en la línea 12 del metro: El ambiente es muy diferente al de las otras líneas, no vi vendedores ambulantes ni basura en los andenes. Aunque había una exposición fotográfica algo extraña; creo que es del gobierno federal. Son fotografías enormes de lo “grande” de México (hospitales y soldados, por ejemplo).

La primera vez que acudí a una venta de garage de vinos, y la primera vez que compré una botella de vino. De esto último es de lo que quería hablarles.

Si Dalí y Breton estuvieron de acuerdo alguna vez, fue al decir ambos que México era un país totalmente surrealista. Creo que sí, nacemos aquí y vivimos aquí durante varios años, vemos con naturalidad lo que a otros les causaría sorpresa… A excepción del vino.

Es sabido que hay pocos mexicanos que conozcan sobre vino, y todavía menos lugares donde se puedan adquirir vinos accesibles y de calidad.

Llegué a la bodega un poco confundida, porque creí que la venta sería en una casa o en una tienda, o algo así. Pregunté en la entrada si estaba en la dirección correcta (Laguna de Términos, 66-A, esquina Lago Onegas, colonia Anáhuac, detrás de la cervecería Modelo), dijeron que sí. Me invitaron a pasar.

Me recibió Karla, una chica atenta, dijo que la venta de garage se había organizado de un momento a otro, porque por lo general, también vendían carnes frías gourmet y productos por el estilo.

Me presentó a Raphaël Baillin, marketing manager del grupo Ferrer y Asociados, empresa que cuenta con 18 años importando y distribuyendo vinos de producción nacional, buscando exclusividad mundial. Su fuerte son los vinos de México, Francia, Italia, España y Estados Unidos, me comentaron. A pesar de disponer poco tiempo, Raphaël fue muy amable al explicarme qué tipos de productos vendían en una venta de garage: vinos cuyas etiquetas o empaques sufrieron algún percance, o fines de un lote que son dificiles de vender; asegura que nada de esto afecta al producto y en cambio sí disminuye considerablemente su precio. Comentó además que manejan alrededor de seiscientas marcas.

Raphaël me presentó a Regis Poincheval, con quien platicara sobre la cultura del vino y la importancia de comenzar a probarlo.

Además de la distribución a restaurantes, tiendas departamentales y supermercados, ellos prentenden un acercamiento con el consumidor final y por eso hacen estas ventas, para que las personas particulares tengan acceso, sin intermediarios, a vinos variados y puedan saber lo que compran. Si alguien ha intentado platicar con un empleado de Walmart sobre un vino y sus posibles maridajes y queda más confundido que al inicio, puede imaginar a qué se refiere Regis. “Aquí pueden preguntar la diferencia entre un Beaujolais Village y un Beaujolais Noveau y podemos explicárselas”.

Su entusiasmo es contagioso, a leguas se nota que el vino lo apasiona. Dice que le gusta la diversidad del vino, que quiere popularizarlo, explotar su capacidad para romper las barreras sociales; se alegra que los jóvenes empiecen a interesarse por la enología (“la ciencia y el arte del vino”).

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“Para mí, el vino debe ser poco blablá y mucho gluglú”, expone riéndose. Dice que antes los jóvenes de 16 a 25 años no se interesaban por el vino, pero desde que hubo una pequeña chispa de interés, se han esforzado por educarse en internet y medios masivos.

Le expuse que muchas veces los jóvenes no tenemos un gran presupuesto, y le pregunté qué recomendaba hacer en esos casos, me contesto: “Aunque no hay vinos interesantes de 60 pesos, no tienes que tener mucho dinero para aprovechar la vida. Yo te recomendaría empezar por un vino mexicano de 150 pesos. Si tienes 150 pesos, es bueno invertirlos atreviéndote a comprar tu primera botella de vino; algo mejor que un vino de cartón. Si tienes 60 pesos, espera a tener 150 y consume un vino interesante, hay que pensar más en la calidad que en la cantidad”.

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Al preguntarle por qué era recomendable empezar con un vino de tu país, me dijo: “Los vinos mexicanos son de difícil acceso porque le apuestan a la producción de calidad, es costo y es poca producción. Conocer vinos mexicanos es un viaje de introspección personal sobre la identidad nacional que va de la mano con la gastronomía mexicana, ¿por qué ser malinchista? ¿Por qué no ser nacional? Al conocer de vino, aprendes hasta geografía”.

Al inquirir por los cursos que ofrecen, me explicó que hay uno de iniciación al vino (clases de nueve sesiones con un taller de maridaje y otro de botella sensorial), y hay también uno para sommelier. Me dice que en Ensenada, Baja California, hay una escuela de enología llamada “La escuelita” pero que, por desgracia, en los demás estados de la república no hay opciones para aprender de vino que no sean por revistas o internet.

Su pasión por el vino seguía brotando: “No quiero atender sólo a la elite, quiero que todos tengamos acceso al vino, el vino es para diario. Quiero darles nuevas esperanzas a los productores mexicanos, combatir el malinchismo”. Le pregunté el porqué de esto último y respondió que se siente en contradicción por tener una imagen francesa, “sé que debo ayudar a luchar contra el malinchismo porque el país me recibió y no voy a pagarle con moneda traidora, el malinchismo es el camino hacia la perdición fatal. Yo no digo que sólo bebas vinos de México, pero es un buen inicio, si alguien te dice que porque es extranjero sabe más de vinos, dale una patada porque no es cierto”.

Regis, de nacionalidad francesa, lleva 12 años viviendo en México, y no soporta que le hablen en otro idioma que no sea el francés o el español. “No me cae el veinte de por qué me hablan en inglés si estamos en México”.

virgenEnElAlmacen

No puede evitar preguntar por esta pintura de la virgen de Guadalupe que estaba en el almacén. Regis contestó que él se ha aclimatado a México y tenerla ahí fue para tomar en consideración a los empleados.

Le agradecí por el tiempo y por último me ayudó a escoger una botella de vino que, según su consejo, podría acompañar con “quesillos mexicanos, pan tostado, tomates cherrys y un par de amigos”.

Permanecí contemplando botellas y a la gente que compraba. Seleccionaban y buscaban con el mismo tesón de los buscadores de tesoros. Fue una venta tranquila, pero no solemne; un ambiente relajado, botellitas de vino tinto de 25 pesos, champagne… Al final, me sobresalté un poco de cómo descargaban cajas y cajas de un camión que recién llegaba. Regis me dijo: “querías ver cómo es una venta de garage, cuando llegaste estaba tranquilo y ya no…” Caminó deprisa a donde descargaban.

Emprendí el retorno hacia casa. Esta vez no me perdí.

 
 
 

Agradezco mucho a Vinarmoni y al grupo Ferrer y Asociados por su buena disposición al contestar mis preguntas.

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