«Avión, el pueblo ausente» Un coro de los dientes de león

José Lagos

Las historias de la humanidad están atravesadas por la movilidad. Los flujos migratorios son procesos, regionales o transcontinentales, de larga data. Sus huellas y cicatrices están ocultas tras el velo de la cotidianidad. La interminable estela de la movilidad ha fundido sus colores en el universo social.

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Crisol cultural

Uno de los matices de la arquitectura, cualquiera que fuera (rural o urbana, por decir algo), está marcada por la inscripción de prácticas culturales e imaginarias que constantemente se comunican y se confrontan unas con otras.

Cuando uno recorre las calles de los centros históricos puede advertir, con un poco de curiosidad, las múltiples implicaciones culturales que configuran y disputan el espacio.

En la ciudad de México, por ejemplo, diez minutos de caminata en su Centro Histórico, son cientos de años del mundo. Templo mexica, iglesias coloniales, restaurantes chinos, tiendas de ropa y comida rápida estadounidense…

Cada una con sus historias y rastros tras de sí. Como la del mítico Salón Corona; de propiedad gallega (observe la “G” de Galicia en el centro del logo). La historia de este mítico lugar forma parte de una historia más amplia: las olas migratorias gallegas a América Latina y, especialmente, a México.

Justamente es esta intersección la que aborda María Hervera, documentalista española, en su documental «Avión, el pueblo ausente» (2012); mismo que forma parte de la sección competitiva de Documental Iberoamericano en el FICG 2013.

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Maria Hervera || Foto: José Lagos

Este documental, relatado, según comentara su realizadora, en coro polifónico, explora la condición de apatridad que experimentan quienes han salido de Avión, municipio enclavado en las montañas de Galicia, España, hacia México. Una migración, aunque exitosa en términos económicos, “se fueron pobres y regresaron ricos”, compleja y dolorosa por la condición de extranjeros en todas partes. “En México somos gallegos, [en Galicia somos] mexicanos”, dice uno de ellos.

Con una estructura climática (invierno, verano, primavera y otoño), Hervera visibiliza un interesante proceso de configuración bicultural entre dos tierras separadas por un inmenso océano, a partir de los flujos migratorios gallegos que, tan sólo de 1880 a 1975 alcanzan las 2 millones de personas. Una cifra insospechada.

Los vientos esquilman comunidades. Pocas despedidas de tiempos inciertos, a pesar de la promesa de hinchar los bolsillos, no fisuran corazones. Las comunidades en donde la migración es el camino inminente, la sombra de la melancolía allana las mesas y las familias. Las partidas son tristes acontecimientos que, a costa de sí mismos, emergen en su vuelo condiciones paradógicas. Despojan en un lugar, lo entregan en otro y lo devuelven transformado.

Si pensamos que las comunidades históricamente migratorias son de frágil permanencia, podemos decir que guardan parecido con la perenne flor diente de león. Los vínculos de estabilidad sólo pueden suponer que, ante el primer viento, sus esporas sean esparcidas con el flujo ventisco y dejen su tallo ausente para no volver más. Y si vuelven, serán otras. Como los gallegos de Avión.

Avión, el pueblo ausente from 14pies on Vimeo.

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