Esto no es una tarea, son malas costumbres

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Cuántas veces a lo largo de nuestra vida académica nos hemos preguntado ¿y esto para qué sirve? Obteniendo la mayoría de las veces respuestas evasivas y groseras o simplemente miradas condescendientes. Creo que es una pregunta totalmente válida, tengas seis años o veintidós y que, aquellos que deciden que los alumnos deben a hacer tal o cual actividad como parte de una clase deberían exponer claramente el motivo de llevarlas a cabo.

Por ejemplo, el hacer síntesis de textos sirve para generar la capacidad de tomar lo más importante y exponerlo brevemente; los debates sirven para que, a partir de argumentos concisos seas capaz de defender tal o cual postura; un discurso ayuda a mejorar las habilidades como orador y precisa una preparación previa de redacción, selección de ideas y exposición de las mismas de manera coherente; un examen escrito, en teoría, sirve para evaluar qué tanto se aprendió de un tema.

La gran realidad es que un examen solo sirve para frustrar a los estudiantes una noche antes y a que desarrollen costumbres deshonestas y ojos de halcón; que se ridiculice, sin dar una crítica constructiva a quien no sabe hablar en público; que lo que debería ser una discusión civilizada se vuelva una pelea porque no hay tolerancia ante ideas diferentes y que se popularice el copy-paste.

Creo que estas consecuencias negativas provienen de no conocer el motivo de hacer las cosas y por la presión que se tiene para obtener buenas notas o una recompensa; lo que poco a poco nos lleva al dilema ético de “el fin justica los medios”. Además, estamos acostumbrados a una vida mecánica, donde el cuestionamiento ante los sucesos es nulo; hemos visto y aprendido, consciente e inconscientemente, que aquel que cuestiona es reprendido o puesto en ridículo y  entonces es mejor ir con la corriente.

Un modelo educativo sin explicaciones y un contexto de represión dan como resultado estudiantes sin pensamiento crítico, preocupados únicamente por números en un papel y sin compromiso social porque el “yo” es más importante que el “nosotros”. La pereza mental resultado de trabajos automáticos hace que sea necesario enseñarnos a re-pensar y razonar. Y aprendemos a re-pensar como individuos, no como parte de una sociedad.

Para romper este círculo vicioso es necesario aceptar que existe; así como las ventajas y desventajas que representa. Y no es tan difícil darnos cuenta, pero es que en estos días, el sentido común es el menos común de los sentidos.

Delirando desde un lugar no muy lejano,

Lady D.

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