Bragas manchadas

La menstruación es una de las tantas cosas que todos saben, pero una de la que nadie quiere hablar. Se tenga vagina o pene, la sangre nos produce un escozor, un “no sé qué”, y si ésta baja de entre las piernas es aún peor.

Yo he vivido al menos diez años de sangrado mensual, y aunque nadie me dijo explícitamente que tenía que callarlo, mi postura siempre fue de asco, de extrañeza e incomodidad. Cólicos, inflamación, humores en manos de las hormonas. Meterte un pedazo de algodón o pegarlo a tu ropa interior no parece algo divertido, ¿tiene que serlo? Y bueno, las posturas ajenas no ayudan, la burla de tus compañeros si te llegabas a manchar, los chistes que relacionan el olor a una poco higiénica pescadería, el suponer masculino de la histeria femenina, los consejos y las pláticas sádicas de tus tías, primas, amigas, que no hacían otra cosa que confundir o crear malestar alrededor de tu cuerpo.

Parece que todo va en contra de ese ciclo femenino, parece que históricamente está condenado a la marginación, a mirarla siempre con desdén e ignorancia, ¿o no? Existen imágenes  que buscan romper tabúes o al menos sacarnos una expresión de asombro, ponernos la piel de gallina, hacernos girar los ojos con repulsión como acto primario y, en el mejor de los casos, hacernos reflexionar el porqué de aquellas sensaciones.

Las serie de fotos “There Will Be Blood” (Habrá sangre) de Emma Arvida, busca transgredir la mirada cotidiana, visibilizar la sangre menstrual que con  tanto recelo se ha querido ocultar, que las mujeres acepten su proceso biológico a través de la creación fotográfica, dejar de contener el líquido y mostrar con orgullo tu sangrado, hacer público un proceso que desde hace tanto se encerró en lo privado, en la casa, en el baño.

¿Por qué se ha querido ocultar el rojo menstrual? ¿Qué discurso hay debajo de aquella censura? ¿Qué implicaciones tiene hacer pública la menstruación? ¿Qué otros procesos biológicos debemos visibilizar? Sacar nuestras bragas manchadas como estandarte libertario o aceptar que existe, romper el silencio y lograr decir sin incomodidad la palabra menstruación, la palabra cólico, la palabra clítoris, la palabra vagina, sin risas de morbo o muecas de desagrado.

Lograr conectarte, ya no ver como una vecina incómoda a tu órgano reproductor, quitarle lo sádico al consejo. Dejar de meter o pegar como pretexto para no tocar y, a través de eso, conocer y reconocer: de lo propio y de lo extraño. Manos preparadas, mente abierta y ojos listos.

Por Lucía

Emma Arvida Byström

Fotografía de la serie There Will Be Blood (Habrá sangre), de Emma Arvida Byström.

Les recordamos que seguimos recibiendo textos, pueden enviarlos por facebook o al correo revistadetournement@gmail.com

Las participaciones serán publicados en nuestro sitio.

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