Menstruación

O cómo descubriste que los “dolores femeninos” no siempre te hacen sentir mujer

La “maldición” que deben soportar todas las mujeres, el abrazo de dolor con el que tu madre recibió la noticia que a los 11 años le diste incómoda (porque ni siquiera tenías 12, “como los años que dura la infancia” según escribe, Sefchovich), sin saber que de ahora en adelante tu vida cambiaría.

No sólo porque al ir de campamento en verano tenías que ser precavida para no dar indicios del hilillo de sangre que salía por tu entrepierna, resignándote a no meterte a la alberca con tus amigas, ni porque tu abuelita te obligara a tomar menjunjes extraños que juraba, curarían los cólicos que hacían que te doblaras de dolor; mientras deseabas no haber nacido mujer.

Se suponía que lo verías con normalidad, pues tu madre ya te había dicho cómo funcionaba la naturaleza, con palabras que parecían sacadas de uno de esos libros que les enseña a los padres cómo explicarles las cosas de la vida a sus hijos sin confundirlos, condimentando la información del libro con un poco de su experiencia. “No debes usar tampones”, respondía la madre cuando lo sugerías; al preguntar por qué, sólo hacía ese gesto extraño que significaba que esa pregunta no estaba bien, y que debías ser más educada, sumiéndote en el silencio.

Tu vida cambiaba porque ahora que ya eras “toda una señorita” y debías prestar atención a cosas que al inicio te parecieron absurdas, como por ejemplo: sentarte correctamente o modular el volumen de tu voz cuando hablabas. Esas cositas fueron creciendo poco a poco: la prohibición de pintarte las uñas de rojo se convirtió a no salir después de las 5 de la tarde, a menos que fueras acompañada por tu hermano o tus padres.

Todas esas limitaciones te parecieron un gran precio a pagar sólo por sangrar cada mes, algo que tú ni siquiera habías pedido. Pensabas incluso que era preferible ser estéril para olvidar ese incordio, que además era doloroso y vergonzoso.

Ahora, mientras tienes las piernas abiertas y hay un aparato en tu vagina y una persona extraña lo manipula para obtener las imágenes de esa cosa maligna gestándose en tu interior, te preguntas qué pasaría si todo hubiera sido diferente; si no hubieses visto a tu cuerpo como algo malo, sucio y defectuoso. ¿Todavía tendrías el tumor que se llevaría tu vida?

Hay muchas teorías que sostienen que las enfermedades son provocadas por sentimientos o emociones al reflejarse en nuestro “plano físico”. Esto no se ha comprobado científicamente, sin embargo… ¿Quién puede estar seguro?

Fomentemos el autoconocimiento, la no culpa por ser mujer, la no vergüenza por algo natural, el no sometimiento a estipulaciones absurdas.

Por Dam

Emma Arvida Byström

Fotografía de la serie There Will Be Blood (Habrá sangre), de Emma Arvida Byström.

 

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Las participaciones serán publicados en nuestro sitio.

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