Empezando por el principio. Cine entre líneas, cine ConTexto

Por: J.R. Franco.


Todos con el tiempo corremos el riesgo de terminar escribiendo con la goma, o el delete

Asistir al cine es todo un ritual, una fiesta que se vive en todos los sentidos y que nos lleva a mundos que nunca nos hubiéramos imaginado.

Desde sus inicios, con la creación del cinematógrafo de los hermanos Lumiere, patentado en 1894 y presentado un año más tarde comercialmente, la sociedad encontró en este nuevo espectáculo una representación más allá de lo que en su momento se consideraba real y lo hizo prosperar hasta lo que conocemos hoy en día.

La producción de películas, al igual que la literatura, es tan vasta que no alcanzaría toda una vida para poder ver ni siquiera una cuarta parte de las películas que se han hecho hasta la fecha. Quizás es por eso que mes a mes distintos medios tienen a bien incluir en sus páginas a expertos en cine, personas que tienen un gran conocimiento técnico, sonoro, visual y sobre todo la oportunidad de ver una cantidad de películas considerable, que se encargan de ofrecer su crítica sobre los filmes que se estrenan o alcanzan a llegar a nuestro país.

Si bien la crítica cinematográfica, en sus inicios, nos permitía tener un panorama más amplio de la película que elegíamos para pasar un buen rato; y por qué no, alargar la plática después con un café, se ha convertido en la actualidad en un campo de batalla muy al estilo de la posición de nido de pájaro, en la que el crítico, la mayoría de las veces, destroza la película y nos dice que es mejor no verla. Es así que dejamos pasar distintas obras que llegan al país, sean buenas o malas. O, mejor dicho, para distintos públicos.

Si bien la opinión de un experto en la materia no es determinante para ver o no una película, sí influye en lo que la gente ve, ya que como sabemos, mucho de la industria cinematográfica se rige por la publicidad de boca en boca. No pretendo demeritar el trabajo de los críticos; considero más bien necesario, como en viejos tiempos, ofrecer una contextualización de las películas, tratar de entender el porqué de su realización, de acuerdo a un contexto histórico, literario, de género y cultural del filme y de lo que lo rodea, según el peso que amerite.

Es por ello que este espacio buscará dar ese contexto, con la finalidad de que la gente comprenda algunas películas o géneros que han ganado detractores por el mismo desconocimiento que se da en torno a ellos.

Como ejemplo está el cine de ficheras, que ha sido ridiculizado, despreciado y vapuleado por muchos que no han considerado el contexto en el que éste se desarrolló.

Still de "Bellas de noche" (1975), de Miguel M. Delgado.

Still de “Bellas de noche” (1975), de Miguel M. Delgado.

En los años 70, en México se vivía de una manera alocada. Los hippies seguían con las ideas de amor y paz, y en particular los jóvenes seguían tratando de reconstruirse después de los hechos acontecidos en 1968. El presidente en turno, Luis Echevarría Álvarez (1970-1976), intentó distanciarse de su responsabilidad en la represión al movimiento estudiantil del 68. Un rasgo importante de la política de Echeverría fue la de conceder a los medios masivos de comunicación un lugar privilegiado como canal formal de la comunicación gubernamental.

Para 1972 el cine mexicano experimentó una virtual estatización, gracias a distintas circunstancias como la inversión de mil millones de pesos en el Banco Nacional Cinematográfico, lo cual permitió dar paso, tres años más tarde, a la creación del Conacine, Conacite I y Conacite II. Todas propiedad del Estado.

En general, el cine durante el sexenio de Luis Echeverría fue un cine crítico y mordaz, preocupado por temas políticos y sociales; retratando principalmente la realidad social de la clase media. Fue con esta corriente que algunos directores se aventuraron a filmar películas con un lenguaje picante, lleno de albures (pero no siempre explícito), que permitía ver esa otra realidad de la sociedad setentera de clase media. Durante el gobierno de Echeverría los realizadores cinematográficos tuvieron una cierta “libertad” para abordar esos temas que en los años 60 aún luchaban por salir a flote y eran considerados tabú. Es así que directores como Miguel M. Delgado (“Bellas de Noche”), Víctor Manuel Castro (“La Pulquería”) o Jorge Fons (“Los Albañiles”), lograron apuntalar un género que se convertiría, con el paso de los años, en una franquicia rentable y lamentablemente olvidada después. El cine de ficheras respondió con creces a una necesidad social en la que la apertura a temas sexuales y el lenguaje coloquial era algo nuevo que debía ser inminentemente abordado.

Otras películas que lograron abordar esta temática con una respuesta favorable fueron “El castillo de la pureza” de Arturo Ripstein o “La pasión según Berenice” de Jaime Humberto Hermosillo. Así como “El apando” y “Las Poquianchis” dirigidas por Felipe Cazals. Se demostraba con estos filmes, y su aceptación a la temática que trataban, que en nuestro país se podía hacer un cine equilibrado, que además reflejara éxito en taquillas.

Still de "La pasión según Berenice" (1975), de Jaime Humberto Hermosillo.

Still de “La pasión según Berenice” (1975), de Jaime Humberto Hermosillo.

Si bien muchas de las películas de ficheras o con temas pícaros no contaban con una producción enorme y mucho menos cumplían con los lineamientos estéticos o actorales propios de la industria, cumplieron en su momento con la intención por la que fueron creados: una intención política que preparó terreno para dar continuidad a la producción cinematográfica pese a los malos manejos que ésta sufriría durante el sexenio de José López Portillo (1976-1982), quien en un acto de nepotismo puso a cargo de RTC (Radio, Televisión y Cinematografía) a su hermana Margarita López Portillo, nula conocedora del área. Ya como funcionaria, limitó los recursos destinados originalmente al cine, provocando así una autocensura que pese a la libertad de expresión que entonces se creía tener sobre algunos temas, nunca permitió reflejar totalmente las inquietudes artísticas de directores, guionistas y productores, mucho menos de la cruda realidad que vivía nuestra sociedad en esas fechas; aunque no se puede negar que el género de Ficheras fue punta de lanza para el futuro del cine de México. Quizás fue por eso que la industria en México logró encontrar un nuevo género a explotar, el del cine de acción, que abordaba temas y personajes cotidianos como narcotraficantes, camioneros e incluso cantantes…

Pero ese es, estimados lectores, otro ConTexto.

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