Visitar el canto latinoamericano: una reseña

Foto: Adolfo Butrón /

De izquierda a derecha: Astrid Hadad, Regina Orozco y Eugenia León Foto de autor: Adolfo Butrón

“Ciudadana del mundo” de Eugenia León

Lo primero que me pasó por la cabeza fue la idea de tomar un taxi. Después lo pensé mejor y decidí ahorrarme los casi 40 pesos y así recorrer aquella ruta que con la llegada de la Línea 12 del Metro no tomaba desde hacía un tiempo. Día nublado, temperatura alta. La Calzada de Miramontes no cambia. Más adelante, la plaza comercial Galerías Coapa da a esa partecita de la ciudad una apariencia tan artificial como urbana.

Entré por el portón de vidrio de Liverpool: sigo sin acostumbrarme a ese ambiente tan aparentemente pulcro, de luces que brotan hasta de los muebles, multiplicada por los espejos del área de maquillajes y perfumes. Paso rápido huyendo del estrés que me provoca dicha iluminación y que se acentúa cuando voy sin compañía. Algunas tiendas más. La primera mercancía que está a la vista en la tienda de discos son los productos de Apple. Voy directito, sin ver nada más, al estante de novedades. Buscando con algo de ansiedad encuentro el nuevo disco de Eugenia León, Ciudadana del mundo vol. 2. De los tres que quedaban tomo uno. Pagar. Salir. Llegar al hogar.

Es casi un ritual abrir un disco nuevo: tan liso, tan nuevo, tan complicadamente envuelto. Es imposible no leer por segunda vez la lista de canciones (la primera fue en el camión de regreso); se repiten cuatro del primer volumen, por lo que quedan ocho por escuchar. La computadora es lenta, una viejita de seis años. Pasar todo al reproductor portátil toma su tiempo. En la cama comienza el viaje sonoro.

Voces argüenderas, sonidos de mercado, una vendedora de tortillas por docena y señoras quejumbrosas por lo caro de la vida son los primeros sonidos de “Doña soledad”, canción popular del compositor uruguayo Alfredo Zitarrosa. Acompañando a Eugenia escuchamos a la irreverente y excelente cantora Regina Orozco, aquí prescinde de su voz más sopranística para darle ese sabor populacho a la canción, a la cual terminan de ambientar los instrumentos tradicionales y completamente acústicos de los Folcloristas.

Hasta el momento mi favorita, “Capullito de alhelí”, melosa canción de amor, tiene a Julieta Venegas como la invitada. La pieza toda adquiere cadencia y un tempo rápido gracias a los saxofones, trompetas (¡uno de los trompetistas es Joe D’Etienne!), trombones, piano, bajo, congas, pailas y güiro. Como para dedicarla.

La siguiente pieza sabe a desierto, sudor, lágrimas y a lucha por encontrar un futuro en el norte. Titulada “7 soles”, la canción de Rafa Mendoza nos habla del sentimiento árido de ser migrante. Además de unas percusiones intermitentes y de las voces de un ensamble de niños cantores, Alejandra Robles, voz fascinante, acompaña a León.

“Por su milagro de notas agoreras nacieron, sin pensarlo, las paicas y las grelas, luna en charcos, canyengue en las caderas y un ansia fiera en la manera de querer…”, escuchamos en “El choclo”, uno de los tangos más populares de todos los tiempos (el título hace referencia a una de las maneras en que muy al sur de Nuestra América llaman al maíz). Como invitada atendemos  a la cantante, compositora, cabaretera y militante argentina Liliana Felipe.

“Alma llanera” es una canción venezolana, de versos muy campestres y araucanos, que cantan dos grandes de la música popular en nuestro país: Susana Harp y Tehua. Además de Eugenia, las acompañan las cuerdas del arpa de Celso Duarte, a quien también le debemos los arreglos.

El track siguiente es la canción que escribiera Natalia Lafourcade como parte del movimiento “YoSoy132”, tan presente hace poco más de un año. Oímos a Cecilia Toussaint y a Guillermo Briseño alternando con Eugenia. El grupo de rock Aguamala se hizo cargo de la instrumentación y los arreglos.

Mediante la voz de la vocalista jazzera Magos Herrera, nos llega una canción titulada “Soy pan, soy paz, soy más” que cantara con recurrencia Mercedes Sosa y que en esta ocasión es instrumentalizada por las guitarras de los Macorinos, quienes fueran los últimos músicos acompañantes de la recién fallecida Chavela Vargas… interesante ¿no?

Huelga decir que un disco como el que nos entrega Eugenia León debía incluir una de esas piezas a las que se les ha convertido en una suerte de himnos nacionales no oficiales. Con “México lindo y querido” –que debiera renombrarse “México lindo y qué herido”, en honor a los actuales tiempos- es la canción con que culmina esta travesía sonora. Aquí cantan voz con voz, Óscar Chávez, timbre tan masculino, y la señorona, artista extraordinaria, Astrid Hadad. No podía Eugenia elegir más acertadamente tal mancuerna.

Pienso que la pluralidad de estilos, de versos y temas en un solo álbum debe agradecerse. Que afortunadamente la diversidad de registros estéticos es un aliciente para el oído. De tal modo que  terminé por apagar la luz y con una sonrisa de satisfacción retiré los pesados auriculares ceñidos a mi cabeza: para ese momento la mejor opción era soñar lo recientemente escuchado.

Por Nervadura.

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