Festival Rockalavera: Baile, cervezas y rockabilly

Foto: Fher Sanabria

Foto: Fher Sanabria

Cuando hablamos del Centro Histórico, no está por demás considerar que existen al menos dos, el de día y el de noche. En el día, los diferentes giros comerciales diferencian las calles entre sí. Papelerías, artículos deportivos, electrónica… De noche todo es distinto, la quietud que dejan los vendedores al cerrar sus cortinas e irse, convierten las calles en un laberinto colonial y perderse no es cosa extraña. Para evitar perderme llegué con anticipación.

Aunque he pasado buena parte de mi tiempo libre consumiendo cervezas en el Centro, nunca había ido a La Faena. En el exterior, mucha gente prefería postergar el acceso bebiendo cerveza adquirida en un Oxxo cercano y bailar sobre la banqueta al ritmo del rock & roll que sonaba desde sus autos. Así se entraría en calor. Después de un rato accedí a La Faena, un lugar de iluminación tenue que, a pesar de la decoración desgastada por el paso de los años, sigue conservando ese esplendor que debió tener en su momento.

Como todo mundo estaba afuera, en el interior había poca gente. Un chico con cerveza en mano, quizá ansioso por saber quién llegaría, miraba a cada tanto hacia la puerta de entrada. Muy pronto empezaron a entrar los rockeros y las chicas pin-up. No sé si fue imaginación mía pero todos se veían muy guapos; las chamarras de cuero, los copetes bien peinados y los zapatos relucientes. También las mujeres lucían sus mejores vestidos acompañados con medias de red y tacones de aguja.

La música no se hizo esperar y poco a poco las parejas comenzaron a bailar. A pesar del reducido espacio, no faltó uno que otro que se luciera en la pista mientras aparecían los flashes de quienes no suelen frecuentar estos eventos y ven con extrañeza un baile que creían extinto.

Cuando Los Pardos subieron al escenario la fiesta se tornó intensa. Con su peculiar sonido psicobilly lograron que se armara el único slam de la noche. Podías notar la intensidad y emoción con la que el vocalista cantaba y cómo la música entraba hasta el tuetano, provocando escalofríos. Después llegó el show burlesque y encendió la pasión. Mientras Mina Tekila, la reina del espectáculo, se ponía una copa entre los senos y servía en ella champagne, me di cuenta que no se necesita tener la figura que dictan los cánones de la belleza para emanar sensualidad por cada poro de la piel. Cada que ella bamboleaba su cuerpo en el escenario percibías el calor dentro y fuera de ti. No cabe duda que en estos casos, “atractiva” es un adjetivo que resulta limitado.

La noche avanzaba muy lentamente. Y no porque la fiesta estuviese aburrida, si no porque así es la noche. De las once a las doce el tiempo pasa muy rápido. Muchas personas corren para alcanzar el último tren, porque perderlo significa pagar un taxi, caminar horas y horas o quedarse a la deriva. Pero de las doce en adelante, cuando ya sabes que no hay transporte para volver, el tiempo pasa muy lento. Qué más da, ya te quedaste.

El ambiente y la música acaloraban los cuerpos. El lugar cada vez se llenaba más y las cervezas se consumían con velocidad. La euforia aparecía y la necesidad de bailar se iba haciendo real. Y es que quien haya escuchado a Pachuco José no dejará mentir, es imposible mantenerse con los pies quietos. Y así, en un reducido espacio todos intentaban sacar sus mejores pasos y piruetas. Aunque eso implicaba, la mayoría de la veces, tener que empujar a quien tenías a un lado. Además, claro está, de sufrir esa típica y nada grata sensación del sudor ajeno pegándose a tu cuerpo.

Después de varias horas y con el calor fundiendo los párpados, me dirijo a la salida. La fiesta continuará durante un buen rato más. Mientras respiro aire fresco y fumo un cigarro, muchas parejas bailan sobre la acera. De nuevo es la música de los autos la que marca el ritmo. Y es justo ahí cuando caigo en cuenta de un hecho importantísimo: los grupos importan, sí, y mucho. Pero es más importante el poder bailar en libertad, y para ello no se necesita tener a una banda enfrente. Conforme camino por la banqueta rumbo al taxi, contemplo un tiradero de latas y botellas -como si esa calle fuese zona de tolerancia-. Un indigente también las ha visto y se acerca tímidamente para después recogerlas con avidez. Un poco de suerte, supongo. Antes de abordar el taxi, y para ver menos nítido el mundo, paso por algunas cervezas al Oxxo. Sin embargo, resulta que ya no hay ninguna. Sólo cerveza sin alcohol; pero me niego a comprar lo que considero como uno de los peores inventos de la humanidad. Termino comprando una bebida de vodka con uva que jamás había visto, pero que aparentemente siempre había estado ahí. El sabor era horrendo, como power punch con vodka, pero sin vodka. Al fin subo al taxi.

Segundo día

Al día siguiente continúa la segunda parte del festival en la explanada de la Delegación Iztacalco. Un evento familiar y gratuito. Accesible para todos.

Desde una distancia considerable a la explanada, podías ver los autos estacionados; algunos bien cuidados y, como siempre ocurre, otros no tanto. Pero todos se asimilaban en que te transportan a otra época. La época en la que bailar rock & roll y tener copete se consideraba como sinónimo de rebeldía. La misma en la que no había internet ni celulares y las cosas debían  decirse a la cara.

Entre los stands podías ver ropa, lentes y todo lo necesario para lograr el aspecto que distingue a los rockabilleros y las chicas pin-up. En los puestos había uno que ofrecía objetos de los 50: muñecas, figuras de acción, libros y revistas. De inmediato y sin planearlo, imaginé a niños jugando en una sala, cuando la televisión no era de consumo popular,  mientras sus padres escuchaban la radio. Esta escena que se formaría en mi cabeza sería típica de los 50.

Ese tarde quien se llevaría el protagonismo sería evidentemente el escenario. Las bandas nos deleitaban con su música y, aquí sí, habiendo espacio suficiente, se podían sacar los mejores pasos. Los pachucos, tan guapos ellos con esa pluma en el sombrero y los zapatos de charol, destacaban de entre todos. No había quién no se contagiara del ritmo. Moviendo la cabeza o los pies, todos estábamos como hipnotizados con la música. Ver bailar a personas que fácilmente rebasaban los sesenta años con la misma emoción que los que rondaban los 20, me hizo guardar esperanza en que la edad es solo un número y el cual no determina ni impone la actitud.

Cuando Los Locos del Ritmo subieron al escenario entonando Chica Alborotada, uno de sus grande éxitos, de inmediato se escuchó un grito de emoción unánime y a continuación todos bailaban o coreaban la famosa canción. Tanta fue la locura que Los Locos la tocaron dos veces. Creo que lo valía. Continuaron los Blackjacks y después de poco tiempo Pachuco José los acompañó en el escenario. Este fue un momento cúspide. El ritmo frenético volvió el baile vertiginoso. Las vueltas y las piruetas se multiplicaron. Todo se tornaba como una mancha borrosa, colorida y cada vez más difusa.

Luego llegó el concurso pin-up y en él muchas chicas destacaron por su belleza. Aunque al final, en el pin-up lo que importe sea más el estilo y la actitud que la apariencia en sí. Y la ganadora lo hizo con méritos. Su cabello era increíble, perfectamente peinado y sin un solo cabello fuera de lugar. Su aspecto en general era la cúspide de la mezcla de épocas, su atuendo era cincuentero, pero su cabello rosa intenso y sus perforaciones la delataban actual.

Con un clima bondadoso, la tarde llegaba a su fin. Ese día fue el único que no llovió de toda la semana. Sin duda fue una coincidencia afortunada que se disfrutó con mucho baile y diversión.

Foto: Pilar Colin.

Foto: Pilar Colin.

Foto: Fher Sanabria

Foto: Fher Sanabria

Foto: Fher Sanabria

Foto: Fher Sanabria

1003916_207228772773896_87324785_n

Foto: Pilar Colin.

1209132_207229129440527_473367203_n

Foto: Pilar Colin.

1185337_207228962773877_1537433742_n

Foto: Pilar Colin.

1003067_207228769440563_493064039_n

Foto: Pilar Colin.

Foto: Pilar Colin.

Foto: Pilar Colin.

1239984_207228239440616_691302195_n

Foto: Fher Sanabria

1174629_207230412773732_424856726_n

Foto: Marlenx.

1236286_207229946107112_673647835_n

Foto: Marlenx.

1150343_207230396107067_1159469231_n

Foto: Marlenx.

559789_207229999440440_1813939332_n

Foto: Marlenx.

971804_207230419440398_1914981535_n

Foto: Marlenx.

564410_207230422773731_1373600638_n

Foto: Marlenx.

1236595_207230416107065_717318955_n

Foto: Marlenx.

1237909_207230376107069_1103205277_n

Foto: Marlenx.

996589_207230389440401_2113206033_n

Foto: Marlenx.

Ver galería completa…

Crónica: Marlenx.

Fotografìa: Fher Sanabria, Pilar Colin y Marlenx.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s