La ambigüedad tiene forma de mujer

zabaleta

Fotografía tomada de internet.

Seguramente alguna vez todos hemos escuchado referir ciertas dicotomías sobre la cultura o lo cultural: que si alta cultura vs cultura popular, que si cultura de masas o cultura popular, que si cultura tradicional y cultura moderna; de estas generalidades se desprende una cuantiosa y compleja serie de aristas de las que por supuesto el arte no se salva, es más, resulta ser, casi siempre, su expresión más tangible. La música no es precisamente tangible, pero sí encarna claramente algunas expresiones de aquellos debates.

Si en un remoto pasado la pugna teórica y retórica apuntaba a discernir entre la música popular -las manifestaciones propias del pueblo o clases sociales menos favorecidas- y la denominada música culta (académica o clásica), actualmente las llamadas industrias culturales pusieron en el tablero un nuevo jugador: la música comercial, ejemplo de la manera en que el mercado absorbe todos los escenarios.

Estos tres lugares pueden pensarse nítidamente separados, ¿quién no distingue entre Paulina Rubio o Justin Bieber y la OFUNAM o Astor Piazzolla? Sin embargo, cuando caemos en la cuenta de que una cantante dedicada a la ópera saca un disco de música popular mexicana, que nuestro músico de jazz favorito ha trabajado para la figura comercial de moda y que muchos de los festivales de música alternativa/indie están financiados por poderosas trasnacionales, las cosas comienzan a enrarecerse.

Para Néstor García Canclini estamos hablando de culturas híbridas, algo así como una vida en la que podemos transitar por una calle con nombre indígena y comer tlacoyos o tamales en un puesto, y luego caminar al metro sacando un iPod para escuchar a Vivaldi interpretado por el flautista Horacio Franco. De ahí que quepa preguntarse ¿cómo influye el mercado en espacios tan específicos como el arte?

La complejidad del asunto nos recuerda que estamos ante una urdimbre que se deshilvana en las manos de quien intenta asirla; lo único seguro que podemos pensar es que el mercado es la instancia innegable que fijó los términos actuales de la música (y de la vida misma, ¿no?). Se genera una ambigüedad que supera toda interpretación descuidada y en donde las posturas rígidas sólo hacen más rotunda la caída. Para no dar el azotón, hay que andarse con tacto cual vendedor ambulante en el vagón del metro en movimiento. Hay que poner atención a los matices y las ambigüedades. Y es aquí donde hace aparición el motivo de esta entrada: la ambigüedad toma forma de mujer.

Zabaleta, Esperanza Iris

Susana Zabaleta en el Teatro Esperanza Iris / Foto: Nervadura.

Y es que hace unos días se hizo la presentación, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, del último disco de Susana Zabaleta: cantante y actriz, soprano y cabaretera, y más recientemente conductora de televisión. Estudió canto en Italia y en la Superior de Música. Se le puede ver participando en reality show musicales de Televisa, pero también dando conciertos en el Centro Cultural Ollin Yoliztli acompañada de la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México. Asidua figura en la televisión es también conocida por sus participaciones en lugares como la Sala Nezahualcóyotl e, incluso, el Palacio de Bellas Artes. Fue la voz cantada de la película de Disney “Pocahontas”. Igualmente ha contado con la participación del renombrado Eugenio Toussaint para algunos de sus discos.

La música que hace va del pop a las singulares canciones de la argenmex Liliana Felipe. Me parece que podemos mirar en la Zabaleta esa ambigüedad de la que hablábamos arriba; algunos pueden ver en ella a una figura más de la farándula televisiva, otros la conciben como una mujer que además de hermosa y poderosamente sensual es una artista “de verdad”. Yo la percibo como una mujer que sabe moverse entre varias esferas, que ha sabido utilizar sus talentos, explotar su imagen pero también sus capacidades vocales, alguien a quien, en síntesis, le tienen sin mucho cuidado las divisiones tajantes de aquellas esferas.

Zabaleta, Esperanza Iris 2

Susana Zabaleta en el Teatro Esperanza Iris / Foto: Nervadura.

En esta ocasión presentó “La sensatez y la cordura”, un álbum dedicado al bolero, a los tríos, a esa época de los 50 y 60 cuando el Trío los Panchos era uno de los principales difusores del bolero. En el escenario del teatro se iluminaba a los músicos: un contrabajista, un pianista, las cuerdas y al baterista. La cantante se hizo acompañar de un trío conformado por descendientes de los Panchos y por Rubén Albarrán, el vocalista de Café Tacvba. Con éste interpretó (y grabó) “Nosotros” y “Vereda tropical”. También se escucharon piezas como “La mentira”, “La última noche”, “Escándalo”, “Cuando vuelva a tu lado” e “Historia de un amor”.

Al CD se le agregó un DVD con los vídeos de algunas de las canciones, en ellos observamos a la Zabaleta emperifollada con atuendos, peinado y maquillaje de aquel entonces. Cada canción tiene un arreglo acústico donde la base rítmica le corresponde a las percusiones y al contrabajo, la melodía está a cargo del piano, las guitarras y requintos muy al modo de los tríos del pasado; por supuesto se incluyen el coro de voces de la agrupación y una sección de metales que da el contraste tímbrico. La voz de Susana se oye susurrada, canta en tonos medios y también lanza notas agudas… para quien ya la ha escuchado antes sabe a qué me refiero.

La presentación de este disco fue el pretexto perfecto para hablar un poco sobre la trama actual de la industria de la música, de la participación del mercado sobre lo culto y lo popular. A su vez, el tema fue el pretexto más útil para hablar de una figura rara, más querida que odiada, compleja, de esa mujer estrafalaria que así como participa en una telenovela gusta hablar de política en sus presentaciones. La Zabaleta puede gustar o no, pero de que puede ser un ejemplo interesante de la manera en que se entraman lo culto, lo popular y lo comercial es más difícil de negar, baste decir que el concierto fue producido a beneficencia de la Fundación UNAM y que al reverso de su disco se leen los logotipos de la Universal Music Group junto a los del CONACULTA, INBA y la Coordinación Nacional de Música y Ópera. Yo me quedo con lo que me parece más valioso de su trabajo: su música, su voz, su personalidad, con el pie que tiene fuera de la superficialidad mercantil. ¿Y ustedes?

por Nervadura

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s