El Mutek fue un sueño

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Al principio pensé que me había quedado dormida, que todavía estaba soñando. Comencé a caminar entre todas esas personas que se movían al ritmo de un beat que podía verse e incluso tocarse. Mis ojos quedaron atrapados en medio de las luces rojas y azules, mi mente viajaba hasta el País de las Maravillas… Y ahí estaba, entre cartas de póker y relojes bailando al ritmo de Diamond Version.

Sin darme cuenta, mi cuerpo comenzó a darle forma a los impulsos sonoros que poco a poco invadieron el Foto Museo Cuatro Caminos. Luces estroboscópicas, pantallas gigantes con diferentes tonalidades de colores junto con imágenes trigonométricas en movimiento, cuerpos entregados al placer sonoro. Parecía como si toda mi vida hubiera transcurrido en ese lugar, me sentía cómoda e inmensamente feliz. Me movía como volando, entre nubes de humo de cigarros, sonrisas, vasos, bailes, lentes oscuros y de fondo musical —como en las películas—, los beats del británico James Holden. Esa noche realmente no quería despertar. Hubiera podido seguir bailando toda la vida, seguir en ese trance por siempre. Detener el tiempo y bailar y bailar, regresar al País de las Maravillas y, como dice esa canción que me gusta tanto: live fast and die young.

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Texto y fotografía: Adriana Saucedo

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