Circo, maroma y teatro: La Nueva Expo Feria Michoacán 2014

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La máxima fiesta de los michoacanos concluyó, culminando con más de dos semanas de actividades que se repitieron cotidianamente en los espacios del recinto ferial y sus alrededores, desde que abrió sus puertas al público.

Los organizadores habían realizado su trabajo, los recursos estaban listos y muchos voluntarios alistaban todo, movían los stands, preparaban los mapas del recinto, regalaban las entradas de balnearios populares; los policías municipales y tránsitos ayudaban con las vialidades que con el paso de los días se congestionarían de vehículos mientras los federales resguardaban adentro la seguridad de los miles y miles de gente que no olvidaba visitar el consorcio de la cerveza que seguramente  vendió millones de litros que agotaron los michoacanos mientras disfrutaban de las riquezas que brindaba la “Nueva” Expo Feria de nuestro estado en este año.

Las cosas aún son como las recuerdo. En los pabellones, vendedores rematan sus productos mientras pregonan las ofertas entre suspiros y gritos, a causa del micrófono que usan tan pegado al labio superior – ¡Las cazuelas… los vasos… las cobijas… los tenedores! y por si algo le falta, ¡Le agregó… en su kit… un juego… exclusivo… de cubiertos! – de esos cubiertos que provienen de la China, de un lejano Oriente.

En los pabellones de comida típica de las ferias, los puesto, tanto el de frente, como el de al lado, y los otros treinta y tantos o más, que sigues ese orden, venden tacos, huaraches, quesadillas, y alguna que otra comida tradicional llena en grasas, siempre acompañada de una michelada que desborda fruta y verduras,  flotando entre los miles de condimentos, salsas y cosas cítricas que se mezclan con algo de cerveza.

Otros tantos puestos, que brotaban en todos lados, desbordan frituras, churritos, palomitas, algodones de azúcar, las fresas con crema, los hot-cakes, que tanto exigen los niños, tanto y tantas cosas que probablemente estén prohibidas en algún reglamento olvidado de la Organización Mundial de la Salud, se vendían apetitosamente al consumidor michoacano.

Pero es nuestra máxima fiesta, y nos representa muy bien, amamos el circo, amamos el vino y el pan que nuestro señor salvador nos dio. Nos gusta perdernos en las alegrías momentáneas para olvidarnos de la pesadilla en la que vivimos siempre. Nos gusta festejar frente a un hospital donde miles de michoacanos esperan ser atendidos, que con suerte no vienen de tan lejos, tal ves con unas cuantos pesos para gastar en el Oxxo, comprar una maruchan, una coca-cola y despistar al hambre engañando a su pobre estómago mientras otros sacian su impulsiva desidia de ver a sus “ídolos”, de gritar entre las diez mil personas, un ¡Chinga a tu madre!, a ese gobierno que siempre te chinga, y tal ves lo siga haciendo por mucho tiempo; pero ese grito se pierde en el foso, oscuro y negro en el que se encuentra la sociedad que festejó, con alaridos y aplausos, a quienes con orgullo realizan la mayor fiesta de los michoacanos.

Al final, las brillantes sumas de asistentes, las remuneraciones millonarias para el estado, los records que tal vez rompieron saldrán en todos los medios; la Nueva Expo Feria de Michoacán 2014, un reflejo de las estrategias federales para reconstruir el tejido social, un trabajo asombroso del Gobierno de Michoacán, que coloreo por todos lados su imagen, que negoció con empresas como Ocesa para realizar la puesta en escena – el show del humo – para demostrar que Michoacán está cambiando, que es confiable y que el gobierno hace bien las cosas.

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