La desafiante expresión del cuerpo: feminismo, música y pole dance

Fotografía de Miroslava Tovar

Fotografía de Miroslava Tovar

 

El sábado pasado tuvo lugar la fiesta más loca-intensa-freak-no-mames-sí-está-pasando, de las que el Distrito Federal haya sido testigo. En una casa de la colonia Obrera se dieron cita, bandas de música underground, artistas de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, punks, skinhead, queers, carniceros, talibanes y todo tipo de personajes que delinearon un ambiente único que rayaba en lo chingón, lo raro y lo desconocido para ojos vírgenes y llenos de deseo que por primera vez se adentraban en esos lares.

 

Cada mirada desentrañaba algo que inevitablemente nos hacía pensar que el ambiente en el que normalmente nos desenvolvemos es limitado y carente de toda visión cosmopolita por más clase-mediero que seas y por más lugares de la Roma y la Condesa, de Neza y de Iztapalapa que hayamos topado. Definitivamente los artistas se expresan en un sentido profundamente distinto al que lo hacemos los demás. Si bien cada círculo tiene sus propios códigos y marcos de referencia, los artistas definitivamente rompen con el orden para crear uno propio, uno distinto, configurando así un nuevo escenario en el que el cuerpo deja de ser un recipiente del alma y se convierte en el mecanismo por el cual el alma y el ser se expresan.

Las izquierdas —somos fans from hell— iniciaron su show con los acordes de abuso de autoridad de EL TRI; pasaron unos segundos para que el lugar estallara entre slam, sudor y mucha energía. Gabo Salvaje, Mery Buda y el Panzón Anónimo, responsables de esta irrupción, se adueñaron del escenario con poca luz, poca ropa, mucho power y mucha diversión. Ésta banda es única, la pasión con la que tocan se contagia y el sonido es inigualable, ¿Te cae que una trompeta y una armónica suenen en una banda de punk? ¿Es neta que van a hacer pole dance?; realmente no sabemos mucho de música, pero definitivamente Las Izquierdas son de esos grupos que AMAN lo que hacen y que definitivamente hacen falta en la escena indie mexicana. Es un hecho que su propuesta es buena y que la incorporación del tubo de pole dance brinda una concepción distinta a toda la construcción de un espéctaculo músical a los que estamos ya acostumbrados. ¿Para qué queremos una pantalla si podemos disfrutar de los sexys movimientos de Mery Buda arriba del tubo? – es una diosa, que sabrosa – ¿Para qué queremos más luces si podemos deleitarnos con Gabo Salvaje reivindicando el concepto de la masculinidad y desafiando las estrechas visiones de que un tubo solo puede ser usado por una mujer? ¿Para qué queremos fuegos artificiales si el Panzón Anónimo se mete con todo y guitarra al slam para darse en la madre? En el show de las izquierdas disfrutamos de la expresión que puede ofrecer el cuerpo a través de la música, la sexualidad y la sensualidad que estos tres personajes portan dignamente. Simplemente: ¡SE RI-FAN!

Siguiendo con la fiesta, una de las cosas que desafiaron nuestros criterios – además de hombres vestidos de mujer, mujeres con bigote, blondies, sacerdotisas, máscaras, pelucas y maquillaje – fue el performance que Diana pornoterrista interpretó. Diana es una chica española que proclama poemas y protestas feministas mientras hace actos de reivindicación y liberación corporal. Su participación llena de simbolismos es un llamado a alterar la conciencia, a sacudirte, cuestionarte y hasta asquearse; citando su página, Diana aboga “por el derecho a ponerme cachonda con lo que me dé la gana”. La frase resume muy bien los actos de los que tuvimos la fortuna de ser testigos. Totalmente desnuda, resignificó la vagina y demostró que somos dueñas de nuestros cuerpos, que podemos usar nuestra vagina como nos plazca y que la sexualidad y lo “hot” no es el porno machista ni mucho menos aquella construcción social de mujer pasiva y hombre activo.

Ante la mirada atónita de muchos, Diana se introdujo un micrófono en la vagina y convirtió su cuerpo en un instrumento musical. También se metió objetos por el ano y pidió al público que juntos crearan un orgasmo colectivo mientras una chica le introducía todo el puño en la vagina… todo terminó con un squirt que llegó hasta la tercera fila.

Después de eso, sin exagerar, quedamos en shock. ¿Cómo interpreta una estudiante de ciencias sociales y una profesional en la esfera de la política nacional un ambiente desconocido que culmina con un acto que demuestra que el feminismo se expresa también desde el arte? Una de nosotras se preguntó si no era demasiado, mientras su sentido de la moral y buenas costumbres estaba ofendido, se dijo a sí misma: “me siento agredida, no puedo creer lo que veo” para después calmarse, pensar y caer en cuenta que definitivamente, dentro de ella, algo se había roto: otra sociedad existe, lejos de las instituciones, la política, las buenas costumbres, lejos de lo “normal”.

La otra pensó que la expresión de las ideas se puede manifestar de muchas formas y que ésta era una válida que definitivamente desafiaba de manera directa el orden patriarcal que muchos niegan. Pensó que es bueno leer sobre feminismo pero que, definitivamente, abordar la cuestión de manera seria no compete solamente a la sociología o a la teoría política. “Esto es nuevo y extraño, pero no puedo seguir creyendo que el mundo es lo que diario construyo fuera de mi”

Dos días después de este evento nos quedaron varias dudas, ¿Desde cuándo se hacen estas fiestas? Pero ante todo, un buen sabor de boca y un reconocimiento por desafiar la doble moral y el patriarcado, por reivindicar a las putas y por arremeter contra la normalidad impuesta donde se castiga la otredad y se juzga al diferente.

“Es verdad que no quiero asistir a otra fiesta igual en algún tiempo, fue demasiado para mí, el desgaste físico y emocional no me lo permitiría, al menos por un rato, tal vez otro día cuando quiera recordar que no todo está dicho, que hay otras formas de ver el mundo, que el placer se disfruta por muchos más medios de los que me imagino asista de nuevo. Por ahora estoy satisfecha, me quedo con los poemas de Diana, con la sensación de que en mi país pasan cosas interesantes y con la sensación de que algo se rompió”, dijo Marisol.

“Quiero seguir desafiando la normalidad por más que me cueste, quiero ver más, quiero enfrentarme conmigo misma y quiero entender yo, nadie más, desde la profundidad de mi conciencia, desde mis dilemas éticos y desde mi limitada comprensión de las cosas, cada día quiero ver lo que nadie más ha visto”, dijo Lili.

Esto es un homenaje a lo vivimos esa noche. La noche…

Escrito por Liliana Onofre y Marisol Vázquez

Publicado originalmente en: Facebook @Las Izquierdas

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